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Aporta soluciones personalizadas que se adaptan a la realidad de cada familia.
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Preserva la intimidad: los asuntos privados se tratan entre las partes y el mediador. La intimidad familiar y personal es un valor a proteger.
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Es rápida. El tiempo es muy importante. Eso evita que la tensión en la que vive la pareja en esos primeros momentos acabe dañando irreversiblemente la relación entre ellos o con los hijos.
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Conserva las relaciones entre las partes. Los hijos son los primeros beneficiados. Pueden seguir compartiendo con sus padres los momentos importantes de su vida. En una mediación con éxito nadie pierde y por lo tanto no se generan los resentimientos hacia la otra parte que crea un pleito.
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Es extrajudicial: evita estrés al desarrollarse en un ambiente cálido, confortable y relajado.
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Es flexible: los plazos, el ritmo y los temas a tratar se adaptan a las circunstancias.
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Es efectiva: lo que se acuerda voluntariamente tiene un mayor grado de cumplimiento que lo que nos imponen.
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Afrontar con madurez y responsabilidad la propia separación “repara” la sensación de fracaso personal que suele acompañar a los cónyuges.
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Evita secuelas emocionales que pueden perpetuarse en el tiempo y condicionar negativamente futuras relaciones.